Viajar con niños: vacaciones en Bulgaria

He tardado en ponerme a escribir este post más de lo que esperaba pero el día a día no me lo ha permitido hasta ahora. Bueno, la idea es contar un poco como nos fue en nuestra primera salida internacional con Carlos por Europa, ya que habíamos volado previamente con él dentro del país, y ya que estamos dar una serie de consejos por si os apetece probar un destino poco común como es Bulgaria.

Antes de todo, hablar de los vuelos. Por una cuestión económica nos decidimos por volar con Lufthansa desde Valencia con transbordo en el mega aeropuerto de Frankfurt. Como he dicho al principio fue una cuestión económica pero luego vimos ventajas al hecho de hacer este transbordo. Por su edad, Carlos, es un culillo inquieto y no le hace mucha gracia eso de permanecer sentado. Con la parada técnica todo se hizo más cansado pero él se relajaba un poco del avión y volvía con más tranquilidad. La experiencia de volar con niños con Lufthansa es muy positiva. Tienen peluches, golosinas, cuadernos para pintar y una serie de merchandising que hace que el vuelo de los pequeños se más agradable.

Carlos en Bulgaria.

Una vez llegados a Sofía todo fue bastante fácil. Hablamos de una ciudad grande con metro, tranvía, autobuses y una gran flota de taxis a precios muy pero que muy asequibles. Es un sitios que no nos marcó especialmente ya que carece de grandes atractivos turísticos pero lo cierto es que nos gustó mucho para ir con niños. Las zonas verdes son las estrellas de la capital búlgara. Hay parques constantemente, alguno enormes e inabarcables en los que te podrías perder. Obviamente al haber parques no era difícil encontrar zonas de ocio infantil con columpios y areneros. Estos nos dio la posibilidad de que nuestro pequeño desafiara a algún que otro joven búlgaro. Finalmente no llegamos a provocar ningún conflicto diplomático.

El clima en Sofía (finales de agosto) resultó agradable, con calor en ciertas jornadas pero soportable, ya que al caer la noche la temperatura descendía y se estaba maravillosamente. La ciudad tiene muchísimas opciones de restauración así que si vuestros pequeños ya se han adaptado a comer de todo no vais a tener mayores problemas. Lo que si escasea es el pescado pero lo compensan con grandes cantidades de verdura y carne. En general la cocina búlgara nos pareció rica y variada aunque echáramos de menos los frutos del mar.

Una vez bien pateada Sofía teníamos varios sitios marcados en rojo para visitar. La opción para movernos por el país fue alquilar una furgoneta (rozando el microbús) de 9 plazas. Éramos cuatro adultos y dos bebés con sus respectivas sillitas y cunas más nuestro equipaje así que no queríamos agobios. Además el alquiler de vehículos tampoco es especialmente caro en Bulgaria. Los destinos que visitamos fueron Plovdiv, Veliko Tarnovo y el Monasterio de Rila. ¡Empecemos!

Plovdiv es la segunda ciudad del país y es considerada la capital cultural de Bulgaria. A poco más de una hora en coche nos encontramos con una ciudad bastante más turística que Sofía con unas tremendas cuestas y un adoquín imposible con las sillas de paseo. Y aquí viene e consejo fundamental: no os aventuréis con carros o sillas por Plovdiv. Nosotros íbamos sobre aviso pero viendo la negativa de nuestro pollito a ser porteado optamos por no llevarnos la mochila. Al final acabamos con el niño en un brazo y el carro en el otro. Afortunadamente tenemos una silla muy ligera que se pliega mucho y solo pesa cinco kilos pero de todas formas pasearla por amor al arte es tontería. Al margen de esto nos pareció una ciudad encantadora con una parte antigua de casas de época preciosa. Lo que más nos aguo la fiesta fue la tremenda calor que pasamos ese día pero mereció la pena.

Nuestra siguiente parada fue el archiconocido pueblo de Veliko Tarnovo. Imprescindible en mayúsculas. Nos alojamos en un pequeño hotel con vistas al valle (en el que hay una horripilante estatua de la época comunista) en el que estuvimos genial. Allí el ritmo de vida era diferente que el de las anteriores ciudades pero posiblemente había muchos más turistas. El pueblo es simplemente maravilloso. A un lado el valle con el río y unas vistas de postal. Al otro una fortaleza digna de Juego de Tronos. Al igual que en Plovdiv la mejor opción es la mochila. Tanto este destino como el anterior pierden el encanto para los niños ya que aquí hay poco sitio donde corretear, siempre encuentras alguna zona donde pueden esparcirse pero nada que ver con Sofía.

Y para terminar nuestro viaje visitamos el Monasterio de Rila, Patrimonio de la Humanidad y una auténtica pasada de sitio. Cercano a Sofía pero con unos accesos por carretera horribles. Actualmente están llevando a cabo mejoras en la carretera que lo une con la autopista, cosa que en el futuro será genial, pero que a nosotros nos conllevó aún un mayor esfuerzo para llegar. Fundado en el siglo X por San Iván de Rila (cortesano búlgaro conocido como Iván Rilski), un ermitaño, canonizado por la Iglesia Ortodoxa y enclavado entre las montañas es una visita imprescindible. El simple hecho de pasar el día (puedes incluso alojarte en una celda) y comer junto a la montaña ya merece la pena. Tampoco aquí es recomendable el carrito, como ya os podéis imaginar.

Así que este fue nuestro paso por Bulgaria. Un país que nos sorprendió muy gratamente. Una rica gastronomía, sitios muy interesantes, una historia poco conocida y verde, muy verde. No dudo de que si se lo toman en serio el turismo puede ser una de las grandes fuentes de riqueza de Bulgaria pero aún les queda un largo camino por recorrer. Por nuestra parte lo recomendamos encarecidamente, con o sin niños. Seguro que no os defrauda.

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